Dialoguemos, ¿dices?




Empieza por intentar ponerte a nivel, y no me fuerces desde tu alta posición y tu lejana distancia. Abájate y acércate, pues, un poco siquiera.
Trae tu verdad, sí, pero no rechaces la mía.
Aprende a conjugar el verbo escuchar. Y de paso también estos otros: mirar, sentir, atender, comprender, reconocer, compadecer…
No te olvides de tu historia, pero déjame que yo tampoco aparque en un rincón la mía.
Revístete de humildad, eres uno más de entre otros muchos. Estás en franca minoría.
Si apelas a noblezas y títulos de postín, prepárate, deberás soportar que la riqueza ajena ponga en evidencia tus exiguas credenciales.
Sé sincero, también tú comiste cebollas en Egipto. ¡Y cuánto las echaste en falta en momentos muy concretos!
¿Te ríes de mí porque voy en taparrabos? Mírate en el espejo de tu cuarto de aseo, tu ropaje se transparenta.
No intentes dar lecciones, no lo sabes todo.
No te agarres al derecho, es simple letra escrita en piedra. El viento, la lluvia, el sol, y hasta las heladas trabajan en su contra. Terminará por borrarse.
Deja de mirar hacia tu cielo. Este suelo que pisas es lo que tú y yo compartimos. Aprovechémoslo.

Esto que ni es decálogo ni es ná, ha resultado de un ensimismamiento en que he estado sumido durante la tarde de ayer y parte de la mañana de hoy –la noche no, que es sólo para dormir y descansar– tras un intento de dialogar acerca del diálogo precisamente. No parece que llegáramos a ningún sitio. Y no es que hubiera mala voluntad; simplemente no reconocíamos dónde estaba cada quien.
Afirmo y proclamo que soy muy mío. Cabezota, mucho. Displicente, bastante. Rencoroso, casi nada o nada en absoluto. Y sin embargo, tengo una memoria bastante trabajada; fue producto de un tipo de enseñanza que ponía demasiado acento en aprenderse cosas para luego recitarlas de carrerilla. Nunca me gustó, pero tuve que aguantarme.
Sí, ya sé que eso pertenece a otros tiempos.

¿A éste dónde lo ponemos?


Santiago Agrelo Martínez
La pregunta está de más, porque ya lo han colocado en su sitio. Justo más allá de la frontera. Que grite todo lo que quiera. Y si tiene algo que decir, que se lo diga al marroquí.
Suele ocurrir cuando sentamos a nuestra mesa a quien no está a la altura. Queda en evidencia, pero a nosotros algo nos salpica. Desde luego, pensamos, primera y última vez que volvemos a invitarlo.
Pero él, de momento y ojala no calle nunca, seguirá cantándonos las cuarenta.
A la vista de lo que dice, empiezo a suponer lo que piensa sobre otras cosas. Pero no voy a extrapolar, porque no sería veraz. Así, pues, y para no desbarrar, me limito a poner aquí lo que parece que son sus palabras textuales. Quien quiera sacarlas punta, que lo haga por su cuenta y riesgo.



Por el aspecto -muy sencillo, con un pin de Cáritas en la solapa- no parece un arzobispo; por el número de fieles de su diócesis -apenas unos 2.000 católicos de paso por Tánger- tampoco; pero es su discurso lo que marca las diferencias en este gallego.

- Dice la Biblia: "Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo". Y nosotros plantamos una valla en la frontera.
- Hay que diferenciar dos mundos: el mundo de los intereses nacionales, que no sé con qué criterios se determinan, y el mundo de la fe, donde no hay fronteras.

- Pero el primero es el que cuenta para quien salta la valla.
- Así es. Aun así, ellos tienen su fe. Si no religiosa, sí tienen fe en un sueño, que es una manera de creer en algo. Esa fe en un sueño da una fuerza tan grande que les lleva incluso a desafiar a la muerte. ¡Ojalá los que decimos que tenemos fe en Dios o que creemos en el Evangelio nos moviéramos con la fuerza que ese sueño da a los subsaharianos que saltan la valla! Pero no es solo un sueño, sino la realidad de escapar de una triste realidad de ¿miseria, violencia, falta de perspectivas? Esa amarga realidad hace ilusionante el sueño.

- El problema de la frontera no es la valla ni las cuchillas ni la Guardia Civil. Usted va más al fondo.
- Sí. Si yo pongo una valla y cuchillas en la frontera es porque la considero infranqueable para determinadas personas. ¿Pero quién soy yo para impermeabilizar esa frontera? ¿Tengo yo más derecho que el que tiene el pobre a traspasarla? Cuando se trata de legislar respecto a los pobres lo hacemos siempre los ricos, y siempre desde nuestra perspectiva y no respecto a sus necesidades. En ese sentido, las fronteras son racionales para los ricos, pero son irracionales, absurdas, opresoras y discriminatorias para los pobres. ¿Sería posible que a la hora de legislar tuviéramos la delicadeza de preguntarles a ellos qué esperan y cómo podemos ayudarles?

- Pero no nos importa.
 
- ¡Esa es la cuestión! El problema es político. Qué importa que ahora retiren las cuchillas si no los van a dejar pasar igual.

- Porque son pobres.
 
- Claro. Cada año presumimos de que nos visiten 60 millones de turistas, pero cerramos la frontera a estos 4.000 ó 5.000 inmigrantes.

- ¿Eso es fruto de una política racista y clasista?
- Es fruto de una política equivocadamente economicista. Se considera que estas personas vienen a restarnos recursos, a ser un gasto y no un beneficio. Con ese criterio les bloqueamos el paso. Incluso nos permitimos el lujo de considerar eso un favor que les hacemos: "No pasan porque lo van a pasar mal", decimos. Han de cambiar las políticas y las conciencias.

- Desde Tánger, la Iglesia católica se verá más allá de los divorciados y los homosexuales.
- (Ríe) Digamos que la cosa nos concierne poco o nada. Además, eso va mucho con la mentalidad de las personas, la educación recibida y el trato mantenido. En mi vida hubo siempre homosexuales y divorciados. Los vi como amigos, algunas veces como amigos íntimos. En la Iglesia nadie debe emitir juicios.

- ¿Por qué no impera esa visión?
- Si te han enseñado a reducir el Evangelio a lo doctrinal, a la verdad, mirarás todas las cosas desde esa perspectiva de la verdad. Sin embargo, cuando la vida está regulada no por una supuesta verdad, sino por el amor, todo es posible. Ninguna persona se ha de quedar a la puerta de mi casa, sea de otra religión, ateo, homosexual o no importa qué. Jesús no preguntaba identidades. Queda mucho por cambiar en nuestra mentalidad.

- ¿La Iglesia debe primar su papel de ONG frente al de coaccionadora del poder?
- Ni una cosa ni otra. La Iglesia no ayuda al otro como filantropía, sino como continuación del amor de Cristo en el mundo, que es mucho más que ser una ONG. Otra cosa es la cuestión del poder. Ahí tenemos un problema serio. En vez de ser fermento en la masa social -es decir, disolvernos en ella-, seguimos pretendiendo ser órganos de poder. En este aspecto, a la Iglesia aún nos toca recorrer un camino de discernimiento, renuncia y empobrecimiento. Todavía nos sentimos poderosos. Pero eso a Dios no le gusta.

- De todas las manchas que arrastra la Iglesia en la actualidad, ¿cuál le duele más?
- A la Iglesia nos ha hecho sangrar mucho el asunto de la pederastia, porque es un problema muy serio y muy doloroso para las víctimas por el daño que se ha hecho a tantas personas. Al mismo tiempo, para nosotros ha sido doloroso porque se señaló a la Iglesia, en general, como responsable de ese daño. Yo me he pasado la vida entre niños y jóvenes; he dado la vida en medio de ellos. Y aunque a mí no me ha pasado, que entres en un bar y te digan "pederasta" es algo terrible. Aparte de eso, nos hace mucho daño que se asocie a la Iglesia con el PP.

- Disculpe el inciso, pero esa vinculación se la han ganado a pulso.
- Sí, sí. Pero lo que digo es que nos hace daño.

- ¿Por qué?
- Nos hace daño porque el Evangelio no es de derechas.

- Todo lo contrario.
 
- Sí. No sé si se entenderá si digo que Dios es de izquierdas. Con lo cual no digo que sea del PSOE o de Izquierda Unida. Dios sería de derechas si se preocupara de Dios, pero es de izquierdas porque se preocupa de ti y de mí. La Iglesia ha de mostrar que no se preocupa de sí misma ni de Dios, sino del otro. En este sentido, nos hace daño que se nos identifique con políticas que se preocupan del dinero y de cosas que no tocan.

- ¿Por qué es tan raro encontrar este discurso en la jerarquía?
- Se trata de la cercanía con la que vives la pobreza. Pongo un ejemplo: en 2005, yo era párroco en la Diócesis de Astorga. Hubo un intento de salto a la valla de Ceuta y murieron cinco inmigrantes. Recuerdo que pensé: qué vienen a hacer, quién les manda subirse a la valla, la Guardia Civil tiene que rechazarlos. Ése era mi pensamiento. Luego llego a Marruecos y me encuentro con ellos. Y mi pensamiento ha cambiado. Porque una cosa es hablar de la pobreza y otra cosa es encontrarte con el pobre. Ahora ya sé por qué suben a esa valla. Mil cosas empujan a esas personas a una valla a la que nunca hubieran querido acercarse si hubieran tenido otra posibilidad.

 
Yo, tras leerlo, me quedo más tranquilo. O intranquilo, para ser real. Porque destacar de esta manera le pone en el brete de recibir más que palabras feas. De todas las partes y de todos los colores. Y hasta es posible que se pregunte ¿quiénes son los míos? O ¿qué pinto yo en donde estoy?
Casi estoy seguro de que es consciente de que está más solo que la una. Pero lejos de inquietarse, estará mucho más firme; tiene hecha su opción tiempo ha, está con quien quiere y donde tiene que estar. Lo demás, ya se irá viendo.

Poniendo sentido común


No me gusta hablar sobre este asunto, porque no es de mi competencia. Cómo varón y como célibe, no me corresponde. Me mantengo como un espectador ante discusión tan desaforada, respecto de una ley que parece ser razonablemente válida y que ahora está en riesgo de volverse inválida por irracional. Me refiero a la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo.
Conocida como ley del aborto, me niego en este medio a titularla así. La palabra definitoria es de variable interpretación, de manera que cada grupo defiende o ataca a partir de su diferente enfoque y planteamiento. Teniendo en cuenta que de lo que se trata es de regular desde el Estado la libertad de las mujeres para decidir sobre su embarazo, el legislador no debe posicionarse a priori en una determinada concepción moral sino que ha de arbitrar en medio de una diversidad y para todo el conjunto.
Mientras yantaba escuché una noticia en el informativo que me hizo bajar la cuchara de alubias blancas con chorizo y exclamar: ¡Llega El Sentido Común!
Se ha filtrado que un borrador/informe del Consejo General del Poder Judicial insta la retirada del anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Mujer Embarazada, entre otros motivos, porque «da una respuesta anacrónica criminalizadora» a la realidad de la interrupción del embarazo.
Añade más: representa «un regreso a la situación de inseguridad jurídica y prácticas extralegales que generó la legislación de 1985 y además, contempla un régimen aún más restrictivo, en el que la libertad de la mujer embarazada y la ponderación entre sus derechos a la intimidad, la autodeterminación, la dignidad, la vida y la integridad, decaen de forma evidente».
Y continúa para concluir: «no puede considerarse como la respuesta adecuada a una demanda social de protección de concebido porque esa demanda no existe como demuestra el hecho de que el anuncio de presentación y aprobación del anteproyecto por el Consejo de Ministros haya creado una verdadera alarma social». Es por ello que aconseja «reconsiderar y retirar este anteproyecto que nos aleja de los países de nuestro entorno y que supone un retroceso en el avance de los derechos y la igualdad de la mujer».
Además afirma que, pretendiendo el actual anteproyecto reducir el número de abortos, trata a la mujer como mero instrumento al servicio de la maternidad y terminará provocando aumento de abortos clandestinos.
Opino que si el gobernante da o propone una norma reguladora de derechos para una colectividad, corresponde a cada persona aceptar o rechazar el uso o disfrute de los mismos, en función de su sentido moral o de su propia conciencia.
No es de recibo en este caso imponer. Sólo se trata de permitir.
Así lo veo yo.

Doble vara de medir



¿Qué cosa es una vara? Voy a la red, y confirmo lo que ya sabía. Es decir: La vara —una de las antiguas medidas españolas— es una unidad de longitud que equivale a 3 pies. Respecto a la longitud del pie —patrón de los sistemas métricos arcaicos—, la vara variaba en los distintos territorios de España: su longitud oscilaba entre 0,912 m la vara de Alicante y los 0,768 m la de Teruel. No obstante, la más empleada era la vara castellana o vara de Burgos, de 0,835905 m, tres veces el pie castellano de 0,278635 m.
La vara es una medida semejante a la yarda anglosajona, pero no es igual.
O sea, lo que yo decía.
Mi gente hace mucho que conoce este concepto. No en vano tuvimos que medir muchas veces el espacio que ocupaban sus viviendas, la distancia que había entre una mano y otra mano a todo lo largo de La Cañada, y la cinta de terreno que nadie sabía a ciencia cierta por qué estaba libre y ocioso tanto espacio de tierra detrás de las tapias traseras de lo que usaban sin ser de su propiedad. Porque eran ocupas, con derecho al uso y disfrute del suelo público sobre el cual existía un vuelo que tenían como propio.
Setenta varas castellanas, se decía. Eso era lo que tenían que negociar con la Hacienda, en su versión particular de ICONA.
Aquella vieja historia ya no cuenta, porque se saldó a satisfacción de todas las partes concurrentes. Por eso mismo ya dejamos de entendernos en varas y lo hacemos en metros, como corresponde.
Pero el dicho que dice “con la vara que midas, serás medido” sigue vigente. De modo que aún nos decimos los unos a los otros, cuando no coincidimos en las apreciaciones, ¿oye, tú, qué majo, para ti una vara y para los demás otra?
Esto es lo que me parece que está ocurriendo en la vecina tierra andaluza. Que hay dos varas para medir. Pongamos un ejemplo.
Granada tiene su Alhambra. Actualmente en manos privadas. Un patronato la administra. Ningún problema.
Córdoba y su Mezquita. Desde que se recuperó de manos musulmanas, reinando Fernando III el Santo, está en manos también privadas. Ahora parece que no debiera ser así. En ello están.
Ambos monumentos del Patrimonio Cultural de la Humanidad, ¿han de ser tratados de manera diferente?
Lo que yo decía, dos varas. Claro que no consta que en tierras andaluzas sepan de qué se trata, cuando hablamos de medidas, eso de una vara.

Faltaba yo



Y como ya no falto, soy el 6.220.001º en ver su programa del domingo, aunque en diferido.
Cuando toca reír, río como el que más.
Cuando toca llorar, me cuesta, pero termino haciéndolo.
De risa relativamente fácil, de lágrima no tanto.
Tras visionar desde su página web Operación Palace debo manifestar que ni me he reído, ni he llorado.
Casi me cabreo. Que ¿por qué?
Entre otras razones porque si él aquel día tenía seis años y medio (nació el 21 de julio 1974), yo estaba a punto de cumplir treinta y tres. Esa diferencia de edad es, en mi opinión, razón suficiente para demostrar que lo que a él le pudo parecer una gansada de mayores, yo lo viví con mucho miedo. No (sólo) por mí, que conmigo (casi) no iba aquel asunto; sino por otras muchas personas que lo sufrieron en sus propias carnes con la gravedad de temerse lo peor.
Puedo entender por qué lo ha hecho. Pero no me ha gustado absolutamente nada.
Me refiero a Jordi Évole, y a los que se han prestado a este jueguecito tan entretenido: Iñaki Gabilondo, Fernando Ónega y Luis María Ansón; Joaquín Leguina y Jorge Verstrynge; Federico Mayor Zaragoza y Joseba Azkarraga; Alejandro Rojas Marcos y Andreu Mayayo; Felipe Alcaraz y José Luis Garci.


Será que no lo sé


Y yo creía que sí sabía qué era buen pan. No en balde me nacieron en tierras de pan llevar. Trigo duro, aragón, rojo basto, grano pequeño y corte cristalino; harina blanca, tanto que casi dolían los ojos al mirarla. Y fina, finísima; sin asomo de granza. Tan pura e inmaculada que al meter las manos en ella, salían cubiertas de un manto albo adherido como una segunda piel. Y el olor, ah, ese olor…
Ir al molino, jugar con el permiso del molinero entre aquel entramado de tubos y cangilones, correas y tolvas, aspas y cribas, que giraban y se agitaban, que subían y bajaban. Ahí no, porque es peligroso; y obedecía y me paraba ante el lugar más secreto, las muelas, unas enormes piedras que a base de frotarse hacían polvo aquellos granos tan dorados, tan duros, tan queridos y cuidados.
Sí, auténtico culto al grano. Un sinigual, único, incomparable, de la tierra, el nuestro, el mío. Candeal lo decían. Trigo, por supuesto.
Y luego al horno, sí, con el carro cargado de enormes sacas de harina. Otro lugar con olores familiares. Los sarmientos amontonados, en una parte del corral. La harina a buen recaudo, lejos de humedades. La artesa de amasar, los rodillos de la brega, la masa envuelta en fina tela reposando y fermentando. El fuego dentro, tras la puerta de hierro que bajaba y subía accionada por una larga palanca porque allí todo estaba caliente. La pala larga para meter y sacar los panes. La enorme mesa ofreciendo el resultado, unos mullidos, crujientes, resplandecientes panes de cuatro canteros, lechuguinos, o a cuadros. Panes que al partirlos ofrecían a la vista lo mejor de lo mejor de esta tierra mía; y al comerlos, un anticipo del cielo.
Pan con pan comida de tontos. Pero también pan con vino y azúcar. Pan con media cebolla, o un tomate, o un cacho de lechuga. Pan y lomo, pan y chorizo, pan en la sopa del cocido, pan migado en la leche, pan para hundir en chocolate, pan para pringar los huevos fritos, pan con lo que fuera. ¿También con melón? También.
Ahora me traen un pan que qué sé yo qué parece. Es duro por fuera, y como si lo hubieran torturado de retorcido y reseco que parece. Al partirlo no ofrece blancura. Y la miga está hueca, como si en vez de harina fuera aire. O sea, nada*.
Causa furor. Se lo quitan de las manos. Hacen cola y esperan aunque se enfríe el asado. Se rifan las mesas para degustar. Es delicatessen. Tantos colores atraen. Es la moda. Está hecho según un modelo francés. O alemán. Ya no es trigo. Centeno, cebada, maíz, pasas, nueces, y hasta puro “salvao”… Y hierbas olorosas. Y masa madre…
La madre que los parió. Ahora resulta que para pan también tenemos que mirar a Europa, y copiarla.
Ya digo. Yo creía que sabía lo que era el buen pan. Pero va a resultar que no. ¿Habré perdido el tiempo y gastado en vano la vida?
 
* Acaban de salir en los papeles, un reportaje a dos páginas con fotos y todo detalle. Nos traen lo que no venden, una o dos sacas, según. La gente viene corriendo y se lo lleva en cuanto les avisamos. Berto y Gumi lo devoran. Pero yo soy incapaz de comerlo. ¿Tendré remedio, doctora?
**Llamábamos en mi pueblo salvao al sobrante de la molienda, que según el grosor de la granza recibía diversos nombres. Sólo recuerdo este: “tercerilla”. Su destino era alimentar a los animales domésticos.

¿Tontos útiles o buenagente?

 

En mi pueblo había una persona que era tan buena que terciaba en todos los asuntos, fueran familiares o vecinales. No es que la llamaran para mediar, es que se metía de rondón. Y las más de las veces, también metía la pata. Incluso en cierta ocasión en que quiso hacer de juez de paz en el reparto de una herencia entre hermanos, salió malamente con las dos partes.
Esto de ahora, con la aparición en escena de unos verificadores internacionales pagados con dinero europeo, me ha causado sorpresa. Y no digo que me haya hecho reír, que no. Pero bien pudiera, si no se tratara de un asunto tan grave y tan urgente.
Tienen pedigrí, según he podido comprobar. Están cualificados para esa gestión, y experiencia parece sobrarles. Por eso precisamente me ha llamado la atención la manera como han procedido en este caso.
Las veces que he tenido que visitar al señor/señora notario/a, no me ha valido con decir “esta es mi palabra”, documéntemela. Me ha exigido hechos, justificantes, facturas y documentos. Ver para creer.
A estos cinco, dos y tres o viceversa, parece que no, porque saben leer en lo profundo, y ya han visto que las intenciones son leales.
Lo malo es que a mí su sola palabra, aunque tenga autoridad, no me sirve. Ni siquiera asegurándome que tan sólo han cobrado 750 euros diarios para comer y dormir. También podrían haber venido andando y con la mochila a cuestas. Entonces en mi opinión habrían estado más convincentes. Sólo por eso, ya les habría prestado mi atención.

Es una cosa que me maravilla



Y que nadie piense que voy a recitar aquel especie de trabalenguas con el que tanto deleitaba a su público “la faraona”. Aún sigo intentando entender lo que quería decir con aquel discurso musicalizado.
Yo soy mucho más prosaico. Es que me he estado preguntado todo este tiempo qué demonios pasa en Ucrania. Y he tratado de informarme. La política no es parcela que yo sea capaz de comprender, mucho menos de explicar. Pero siquiera por tener una idea, aunque sólo sea tenue, he dedicado algo de mi mucho tiempo libre, porque ya está bien de ver imágenes como las que nos ofrece la tele y no saber quiénes son los buenos, y quiénes los malos.
Hay por medio del asunto unos nombres difíciles de pronunciar por estas tierras, a pesar de estar escritos en cristiano: Timoshenko, que suena a gladiador; Yúshchenko, que pudiera referirse a un luchador de sumo; Yanukóvich, que bien podría ser el nombre de un rasputín al uso, y Putin que también suena ese nombre, porque tiene poder y además lo sabe demostrar. Con un sonido mucho más agradable está eso de la “revolución naranja” y hay también otra cosa que no suena a nada, pero que importa: el pueblo ucranio o ucraniano.
Al acercarme un poco a esa realidad tan desconocida para mí, resulta que los sonidos iniciales van cambiando. Así Timoshenko (Yulia Volodímirivna) resulta ser un bello rostro de mujer, que ha amasado una gran fortuna jugando a los negocios. ¿También por malas artes? Yúshchenko (Víktor Andríyovich) sería otro rostro amable si no fuera porque se lo quemaron, que ya es mala entraña. Y Yanukóvich (Víktor Fédorovich) ha resultado ser un felón y bellaco que empleó el tongo y el pucherazo para derrotar alevosamente a sus contrarios.
El pueblo ucranio, a pesar de la revolución naranja, quedó al margen. Hasta ahora, en que se ha puesto en pie y ha dicho ¡basta! Y en esas estamos. Con muertos de por medio, parece que ahora toma el mando y el poder. La cosa entre Rusia y Europa seguro que está en parte de este juego de buenos y malos, mitad por mitad en el mejor de los casos. Mitad de buenos, todos quiero decir; igual que malos.
A ver si consiguen amasarse y empezar a dejar a un lado la maldad, que es fea y huele mal. Y si es posible que se haga a la luz de los focos, para que todos nos enteremos.
El caso es que no es mala gente. Hay por aquí algún ucranio que nos da a los nacionales sopas con honda. Además de saber mucho habla el castellano como si hubiera nacido en esta tierra.
Me están empezando a caer simpáticos. Хай живе Україна! ¡Viva Ucrania!
[Ostras, tú, si parece que Ucrania se escribe en ucraniano como si dijera Ispania. ¿No decía yo que esto me maravillaría?]


Te equivocaste, paloma



Encontrado en mi balcón, ayer, 21 de febrero, por la tarde
Fue verlo y venirme al pensamiento y a la boca las palabras de Rafael Alberti:
Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.
Que las estrellas, rocío;
que la calor; la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)
Esta mía, en concreto, pensó que el balcón de la casa familiar era su nido, y que las cintas de obra que he colocado para impedirle el paso son guirnaldas de bienvenida. Que el fregoteo al que someto a las viejas baldosas para erradicar sus excrementos, es limpieza en su honor. En fin, que mi casa es su casa.
Y no. Con perdón. Que ni es bienvenida, ni bien recibida. Que estoy harto de quitar sus inmundicias y de ver cómo se herrumbra el hierro del balaustre. ¡Hasta la pintura de pared y ventanal se fue al garete!
Y no, no puede ser, por más que sea símbolo de paz.
Que por otra parte, ya sé yo lo que pasa con estas historias de las conveniencias sociales. Fue Noé y soltó una paloma, y ya todos a decir que volvió con aquel ramito de olivo porque empezó a reinar el arco iris, señal de que todo acabó y ya no volverá nunca jamás a suceder.
No volvió aquel diluvio, pero inundaciones sí ha habido. Algunas de tanto empuje, que aún colean sus consecuencias. Me han dicho que Nueva Orleans no ha vuelto aún a su ser. Ignoro si también su música sigue callada.
No creo en la paloma de la paz. Es más, cada vez que alguien la invoca, me incomodo. Prefiero que me hablen de águilas que surcan las alturas, o de gallinas que picotean en los corrales. Las primeras, porque me quedan lejos; estas otras, porque ponen unos huevos que saben deliciosos.
Seguiré poniéndotelo difícil, paloma. No te quiero ni en aquel balcón, ni en esta fachada; tampoco sobre mi tejado, y mucho menos junto a la ventana. Eres sucia y descarada. Disimulas lo que eres. Y no se te reconoce ningún beneficio salvo los palominos y tu palomina. Bueno, sí, y también los palomares que adornan los campos llanos de mi tierra; pero eso no es obra tuya, bien lo sabes.
Y a la postre, hasta los cazadores cuando no consiguen presa, a lo último que tiran es a las torcaces. Luego, lejos de ufanarse por la percha, la ocultan vergonzosamente.
Ya va siendo hora de que llamemos a las cosas por su nombre; que tanto medir las palabras, exhibir gestos inocuos y hacer ver que todo está bien y que todo el mundo es bueno, terminaremos por creérnoslo.

Otro hueco



Desde que tengo el deber de hacer en público reflexión sobre la liturgia dominical, siento que no sé, que no lo hago bien, que no encuentro el punto por el que empezar, que ya me gustaría que me lo evitaran, que unas veces porque no me dice nada y otras porque son tantas las alternativas, que vaya papelón que tenga que ser yo el que hable y el resto a escuchar. A mí no me ocurre lo que a Pablo, que le quemaba si lo callaba.
Por eso, desde siempre, he buscado ayuda. Al principio, a ocho manos. Con el Facun, el Domicio y el Míguel. Luego, en solitario leyendo otras ideas, cribándolas, zurciéndolas, digiriéndolas; para procrear algo propio, ni mejor ni peor, cosas personales.
Nunca me ha resultado fácil. He necesitado tiempo, bastante, mucho más de lo que, dicen, emplea una mayoría.
Entre otros he chupado rueda de Galarreta. José Enrique Ruiz de Galarreta, de nombre rimbombante, ofrecía semanalmente sus homilías que aparecían multiplicadas por diversos lugares de Internet. Y yo me he aprovechado.
Tardé en ponerle cara a la persona. Ahora sé un poco más, no demasiado. Hace un mes que falleció. Jesuita, navarro, delicado de salud. Demasiada sabiduría, demasiada palabra, demasiada hondura. Sólo le birlaba alguna cosilla, de vez en cuando, sólo y apenas.
Ahora veo que ya no estará ahí, cuando me haga falta compulsar ideas, planteamientos y desarrollos. También supongo que es una alternativa menos que se posicione frente a la mía, que es la única que va a oír la mayor parte de las personas que me escuchan.
Pero hay una pequeña porción que ya viene con los deberes hechos; tiene datos, sabe de otras opiniones, incluso ha llegado a sus propias conclusiones. Aún así, espera la síntesis que yo pueda ofrecer. Y en esta tesitura, ¡tantas veces me encuentro abrumado!
Así que no sé si alegrarme o entristecerme. Lo primero, porque Galarreta ya llegó a la meta que ansiaba. Lo segundo, porque empiezo a verme como aquel albañil al que le van desapareciendo paulatina e irremediablemente paleta, llana, caldereta… Tengo que afianzar mi andamio, al menos que mi integridad física no peligre.
Al paso que va, esto terminará por ser un obituario.

John P. Meier y Un Judío Marginal



John Paul Meier, nacido en 1942, es un jesuita yanki e investigador bíblico. Estudió en St. Joseph's Seminary and College (1964), en la Universidad Gregoriana (1968) y en el Instituto Bíblico (1976). Es profesor de Teología en la Universidad Notre Dame y su labor investigadora incluye estudios bíblicos y el cristianismo y judaísmo en la antigüedad. Además es también profesor de Nuevo Testamento en The Catholic University of America. Y ha sido director de la revista Catholic Biblical Quarterly y presidente de la Catholic Biblical Association.
Sin lugar a dudas su obra más importante es A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus, publicada en español como Un Judío Marginal. Nueva visión del Jesús histórico, en EVD, Estella, Navarra. Esta magna obra, de la que hasta el momento han sido publicados cinco partes, inicia su existencia en 1991 con la aparición de su primer volumen en versión original. Sin embargo, su principio tiene que estar mucho más atrás, ya que es imposible imaginar que de la noche a la mañana haya conseguido reunir tal cantidad de información, erudición y material bibliográfico. En efecto, él mismo lo explica en el comienzo del primer tomo. En 1984 se puso a ello.
Sirviéndose de todos los conocimientos actuales, la obra examina la historia de Jesús, haciéndolo con el máximo rigor científico y con un gran esfuerzo de objetividad. El «Jesús histórico» es un tema de permanente actualidad. En nuestros días, quizá más que nunca, interesa a los investigadores y suscita grandes discusiones que con frecuencia llegan a la opinión pública, sobre todo en Estados Unidos. Meier conoce muy bien estas controversias, pero opta, muy acertadamente, más que por discutir otras opiniones, por examinar de forma crítica y detallada todos los datos que poseemos.
Parte de un supuesto. Con sus propias palabras:
«Para explicar a mis colegas universitarios lo que me propongo hacer en este libro, suelo recurrir a la fantasía del “cónclave no papal”. Supongamos que a un católico, un protestante, un judío y un agnóstico –todos ellos historiadores serios y conocedores de los movimientos religiosos del siglo I– se les encerrase en un lugar reservado de la biblioteca de la Escuela de Teología de Harvard, sometidos a una dieta espartana y con la prohibición de salir de allí hasta no haber alcanzado un acuerdo, reflejado en documento, sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué intentó en su tiempo y lugar. Exigencia primordial de ese documento sería que estuviese basado en fuentes y argumentos puramente históricos. La “fórmula de concordia” resultante -una fórmula no religiosa- tendría todos los defectos que suelen presentar las declaraciones ecuménicas redactadas por comisiones. A veces se buscaría cuidadosamente un lenguaje ambiguo para ocultar las disensiones, a veces se admitirían abiertamente puntos de divergencia en los que no se pudiese alcanzar un acuerdo. Probablemente, ese documento sobre Jesús no reflejaría la opinión total de ninguno de los miembros del famélico conclave, y ciertamente no contendría afirmaciones que el miembro católico o el protestante mantendrían con firmeza en virtud de su fe. La exigencia básica de que el documento consensuado fuera susceptible de verificación por todos y cada uno utilizando los medios de la moderna investigación histórica produciría un ángulo de visión estrecho, una percepción fragmentaria, quizá hasta distorsiones.
No obstante, algo se habría ganado. Tendríamos un bosquejo de lo que esa entelequia, “toda la gente razonable”, podría decir acerca del Jesús histórico. El documento en cuestión podría servir como base común, como punto de partida para un diálogo entre cristianos y judíos, entre las diferentes confesiones cristianas y entre creyentes y no creyentes, y como invitación para ulteriores investigaciones por parte de historiadores y teólogos. Pues bien, esa limitada declaración de concordia, que no pretende sustituir al Cristo de la fe, es el modesto objetivo de la presente obra.»
El método que utiliza al acercarse a la realidad de entonces a partir de los datos que hasta ahora nos han llegado, para alcanzar al “Jesús real”, se compone de estos criterios que Meier se ha encontrado en el campo de la investigación bíblica:
1. Criterio de dificultad o de contradicción. El criterio de "dificultad" (así Schillebeeckx) o "contradicción" (así Meyer) se centra en acciones o dichos de Jesús que habrían desconcertado o creado dificultades a la Iglesia primitiva. Lo esencial de este criterio es que difícilmente la Iglesia primitiva se habría molestado en crear un material únicamente susceptible de dejarla en una posición difícil o debilitada en las disputas con sus oponentes. Por el contrario, el material embarazoso procedente de Jesús habría sido suprimido o suavizado en etapas posteriores de la tradición evangélica, y frecuentemente sería posible seguir la pista de esa progresiva supresión o adaptación a través de los cuatro Evangelios.
2. Criterio de discontinuidad. El criterio de discontinuidad (llamado también de disimilitud, de originalidad o de irreductibilidad dual) se centra en las palabras o hechos de Jesús que no pueden derivarse del judaísmo de su época ni de la Iglesia primitiva posterior a él. Ejemplos que se suelen dar al respecto son su radical prohibición de todo juramento (Mt 5,34,37; pero cf. Sant 5,12), su rechazo del ayuno voluntario para sus discípulos (Mc 2,18-22 parr.) y, como posibilidad, su total prohibición del divorcio (Mc 10,2-12 par.; Lc 16,18 par.).
3. Criterio de testimonio múltiple. El criterio de testimonio múltiple (o de “referencias cruzadas”) se centra en aquellos dichos y hechos de Jesús que están atestiguados en más de una fuente literaria independiente (p. ej., Marcos, Q, Pablo, Juan) y/o en más de una forma o género literario (p. ej., parábola, relato de controversia, relato de milagro, profecía, aforismo).
4. Criterio de coherencia. El criterio de coherencia (o congruencia o conformidad) sólo puede entrar en juego después de haber aislado cierta cantidad de material histórico mediante la aplicación de los criterios anteriores. El criterio de coherencia sostiene que otros hechos y dichos que encajan bien en la “base de datos” preliminar, establecida mediante la aplicación de los tres primeros criterios, tienen buenas probabilidades de ser históricos (p. ej., los dichos concernientes a la llegada del reino de Dios o las disputas con adversarios sobre la observancia de la ley).
5. Criterio de rechazo y ejecución. El criterio relativo al rechazo y a la ejecución de Jesús difiere notablemente de los cuatro primeros criterios. No indica directamente si un determinado dicho o hecho de Jesús es auténtico. Lo que hace es guiar nuestra atención hacia el hecho histórico de que Jesús encontró un violento final a manos de funcionarios judíos y romanos, y luego nos pregunta qué palabras y hechos históricos de Jesús pueden explicar su muerte y crucifixión como “rey de los judíos”.
6. Criterio de huellas del arameo. Joachim Jeremias y muchos de sus discípulos señalan que las huellas de vocabulario, gramática, sintaxis, ritmo y rima arameos en la versión griega de los dichos de Jesús son como signos de autenticidad de tal o cual dicho. Usado negativamente, este criterio arrojaría dudas sobre todo dicho que no permitiera una fácil retroversión del griego al arameo. A primera vista, este criterio parece científico, puesto que descansa sobre un rico fondo de datos filológicos constituido en el siglo XX por expertos en arameo de la talla de Jeremias, Matthew Black, Geza Yermes y Joseph Fitzmyer.
7. Criterio del ambiente palestino. Muy similar al del arameo, el criterio del ambiente palestino afirma que los dichos de Jesús que reflejan costumbres, creencias, procedimientos judiciales, prácticas comerciales y agrícolas o condiciones sociales y políticas peculiares de la Palestina del siglo I tienen buenas probabilidades de ser auténticos.
8. Criterio de la viveza narrativa. En los relatos de los Evangelios, la viveza y los detalles concretos –especialmente cuando éstos no son relevantes para el punto central del relato– se consideran a veces como indicios de información por parte de un testigo presencial.
9. Criterio de las tendencias evolutivas de la tradición sinóptica.
10. Criterio de presunción histórica.
Cada capítulo está dotado de un almacén inmenso de notas críticas. En lugar de ir situadas a pie de página, están colocadas al final y todas seguidas, de manera que uno puede leer el texto sin atender a las notas, o por el contrario, si este es el interés del lector, comprobar cada afirmación al detalle en las exhaustivas explicaciones que el autor aporta a cada afirmación que hace. Como hecho anecdótico pero altamente ilustrativo, el capítulo 5 del primer volumen, por ejemplo, consta de 30 páginas de texto a tamaño y espacio normal, y 147 notas que ocupan 22 páginas de texto en tamaño reducido y espacio comprimido.
En principio esta obra está pensada para que pueda acceder a ella cualquier persona que sepa leer y esté interesada. Además ha de tener tiempo y paciencia, porque es abultada y no se termina ni en un día ni en un mes. Si se trata de un lector que quiere profundizar, puede hacerlo hasta donde consiga llegar. No acabará, porque es un pozo sin fondo. O el fondo estará allí donde cada quien lo quiera situar. Es decir, vale tanto para especialistas como para simples curiosos. Puede servir para una reflexión personal y para trabajar en grupo. Y en todo caso, si se consigue llegar hasta el final, no hay necesidad que buscar más información. Está todo.
Este es el índice general de esta magna obra:

Tomo I. Las raíces del problema y de la persona (Publicado en castellano en 1997, 417 páginas)
¿Fue Jesús concebido virginalmente? ¿tenía hermanos y hermanas? ¿estaba casado o soltero? ¿era analfabeto o dominaba el griego y el hebreo además del arameo?
Capítulo 1. Conceptos básicos: El Jesús real y el Jesús histórico
Capítulo 2. Fuentes: Los libros canónicos del Nuevo Testamento
Capítulo 3. Fuentes: Josefo
Capítulo 4. Fuentes: Otros escritos paganos y judíos
Capítulo 5. Fuentes: Los agrapha y los evangelios apócrifos
Capítulo 6. Criterios: ¿Cómo decidimos qué es lo que proviene de Jesús?
Capítulo 7. Conclusión de la primera parte: importancia de la búsqueda del Jesús histórico
Capítulo 8. En el principio... Los orígenes de Jesús de Nazaret
Capítulo 9. En el ínterin... (I) Lengua, educación y status socioeconómico
Capítulo 10. En el ínterin (II) Familia, estado civil y condición laica
Capítulo 11. “El año decimoquinto” Cronología de la vida de Jesús

Tomo II/1. Juan y Jesús. El reino de Dios (Publicado en castellano en 1997, 581 páginas)
En este volumen se inicia el tratamiento directo de los dichos y hechos de Jesús correspondientes a su ministerio público. Está dividido en tres partes principales: “el mentor”, “el mensaje” y “los milagros” títulos claramente alusivos al contenido.
Capítulo 12. Juan sin Jesús. El Bautista y su rito bautismal
Capítulo 13. Jesús con Juan y sin él
Capítulo 14. El Reino de Dios. La venida de Dios con poder para reinar. Trasfondo
Capítulo 15. El Reino de Dios. La venida de Dios con poder para reinar. Jesús proclama un reino futuro
Capítulo 16. El Reino de Dios. La venida de Dios con poder para reinar. El Reino ya presente

Tomo II/2. Los milagros (Publicado en castellano en 1997, 606 páginas)
Estudia muy exhaustivamente el tema de los milagros.
Capítulo 17. Los milagros y la mentalidad moderna
Capítulo 18. Los milagros y la mentalidad antigua
Capítulo 19. Historicidad de los milagros de Jesús
Capítulo 20. Exorcismos
Capítulo 21. Curaciones
Capítulo 22. Resurrecciones
Capítulo 23. Los llamados milagros sobre la naturaleza

Tomo III. Compañeros y competidores (Publicado en castellano en 2003, 631 páginas)
Trata de la decisiva red de relaciones de Jesucristo con grupos e individuos judíos, demasiado a menudo desatendida en trabajos sobre el Jesús histórico.
Introducción al tomo III: Jesús el judío, en sus relaciones con otros judíos
Capítulo 24. Jesús en relación con sus seguidores. Las multitudes
Capítulo 25. Jesús en relación con sus seguidores. Los discípulos
Capítulo 26. Jesús en relación con sus seguidores. Existencia y naturaleza de los Doce
Capítulo 27. Jesús en relación con sus seguidores. Los distintos miembros de los Doce
Capítulo 28. Jesús en relación con grupos competidores judíos. Los fariseos
Capítulo 29. Jesús en relación con grupos competidores judíos. Los saduceos
Capítulo 30. Jesús en relación con grupos competidores judíos. Los esenios y otros grupos
Conclusión al tomo III: Las relaciones judías de Jesús, dentro de la imagen global

Tomo IV. Ley y amor (Publicado en castellano en 2010, 734 páginas)
Después de corregir conceptos erróneos respecto a la Ley mosaica en tiempos de Jesús, este volumen se ocupa de las enseñanzas de Jesús sobre importantes materias legales como el divorcio, los juramentos, el sábado, las leyes de pureza y los diversos mandamientos de amor contenidos en los Evangelios. Lo que resulta de la investigación de Meier es el perfil de un complicado judío palestino del siglo primero, que, lejos de intentar abolir la Ley, entró a fondo en debates concernientes a su observancia. Para Meier, sólo teniendo presente esta imagen del Jesús histórico tan interesado en cuestiones de la Torá se puede evitar el común error de construir teología moral cristiana so capa de estudiar «Jesús y la Ley».
Introducción al tomo IV: El Jesús histórico es el Jesús haláquico
Capítulo 31. Jesús y la Ley – Pero ¿qué es la Ley?
Capítulo 32. Enseñanza de Jesús sobre el divorcio
Capítulo 33. La prohibición de los juramentos
Capítulo 34. Jesús y el Sábado
Capítulo 35. Jesús y las leyes de pureza
Capítulo 36. Ampliando el foco: Los mandamientos de amor de Jesús

Actualmente me encuentro leyendo al comienzo del tomo II/2. No estoy preparado para hacer una valoración, carezco del bagaje cultural necesario. Tampoco para compararlo con otros trabajos de otros autores, por ejemplo con Jesús. Aproximación histórica, de José Antonio Pagola. Sin embargo, aun comprendiendo que no puedo dedicar a su lectura todo el tiempo que quisiera, veo conveniente no dejarlo dormir tan a menudo y por espacios tan largos; luego cuesta retomar el hilo. Porque sí puedo afirmar que la visión que expone el autor y que por tanto uno mismo recibe es tan novedosa, tan impactante, tan fundamental para la propia reflexión y para su luego manifestación en el trabajo pastoral, que no puedo más que avergonzarme de no haberme terminado ya el último capítulo de los treinta y seis.
Doy por bien pagados los euros que cuesta, y son muchos. No sólo van a poder disfrutar de ella los estudiantes de las buenas bibliotecas. Entre “en papel” y “en virtual”, también la tengo yo enterita. Quien no la tenga y no la quiera, allá cuidados, él o ella se lo pierden. Mi gente sabrá que estoy leyéndola, porque lo que de mí reciba tenga visos de credibilidad histórica.

¿Sin cerraduras? ¡Tú estás chalao!

 
Hoy tocaba esta canción, pero me lo he tenido que pensar si procedía, habida cuenta de la experiencia que han vivido algunos integrantes de la catequesis en sus propias casas.
Esto es que en el barrio de Santa Ana han entrado los ladrones. No lo han hecho en vacío, esperando que sus moradores estuvieran ausentes. Por la noche, mientras dormían. Al levantarse han descubierto todo revuelto y su hogar profanado.
No tengo que decir aquí lo impresionados que están, los peques y sobre todo los mayores.
No ha habido que lamentar más males que la sustracción de pequeñas cantidades de dinero y lo insano de saber que han hollado sus cosas, manoseado sus ropas y puestas patas arriba algunas dependencias.
Ahora están pensando qué podría haber sucedido si los cacos llegan a ser sorprendidos in fraganti. Y es normal que el miedo haya anidado en la generalidad de la urbanización.
Así que me he puesto a cavilar antes de entrar a cantar con ellos, y ver de qué manera puedo explicarles que una cosa es cómo nos gustaría vivir, y otra cómo nos vemos forzados a hacerlo. Que entre la realidad y los deseos hay una diferencia y una distancia que tal vez entre todos y alguna vez conseguiremos reducir hasta anular.
La canción de marras es ésta, de mi amigo Sabo:
Mi casa es la tuya

Yo quiero que las casas estén abiertas,
que nadie tenga miedo de los demás.
Que no haya cerraduras, que no haya timbres,
que nadie necesite ir a robar.
1 Esta es tu casa, haz lo que quieras
ponla a tu gusto y en libertad;
si necesitas salir de noche,
toma la llave, ya volverás.
2 Este aposento lo compartimos:
ésa es tu cama, yo duermo allá.
Cuando despiertes, ven a ayudarnos;
serán, en casa, como uno más.
3 Este es tu plato, que no está usado.
Puedes lavarlo. Siéntate acá.
No tengas miedo, que ésta es tu casa.
Duerme tranquilo con los demás.
4 Puedes quedarte toda la noche,
lo nuestro es tuyo, no hay que pagar.
Sólo una cosa es obligada:
que te sonrías al despertar.

Puestos ya a ello, resultó que sólo uno vive allí, y que ni entraron en su casa ni estaba enterado del asunto. Sus papás se ve que no le han querido meter presión. No saber, no sufrir, no temer.
Bien. El caso es que me he explicado como buenamente he sabido. Ellos se han enterado y no le han dado mayor importancia. Y hemos cantado. Les ha gustado, y eso es lo importante.
No está el asunto para andar sin cerradura en las puertas. Pero si empezamos por quitar la del propio corazón, tal vez, acaso, ojala, algún día consideremos que ya no hacen falta en ningún sitio. Y que las cosas, siendo propias, también pueden ser ajenas, porque al compartirlas las estamos convirtiendo en nuestras.
Otro gallo cantaría si tal cosa ocurriera.
Resulta que Sabo se inspiró en Bertolt Brecht y en un escrito suyo:
Cuatro invitaciones a un hombre
llegadas desde distintos sitios
en tiempos distintos
  
1
Ésta es tu casa.
Puedes poner aquí tus cosas.
Coloca los muebles a tu gusto.
Pide lo que necesites.
Ahí está la llave. Quédate aquí.
   
2
Éste es el aposento para todos nosotros.
Para ti hay un cuarto con una cama.
Puedes echarnos una mano en los campos.
Tendrás tu propio plato.
Quédate con nosotros.

3
Aquí puedes dormir.
La cama aún está fresca,
sólo la ocupó un hombre.
Si eres delicado,
enjuaga la cuchara de estaño en ese cubo
y quedará como nueva.
Quédate confiado con nosotros.

4
Éste es el cuarto.
Date prisa; si quieres, puedes quedarte
toda la noche, pero se paga aparte.
Yo no te molestaré
y, además, no estoy enferma.
Aquí estás tan a salvo como en cualquier otro sitio.
Puedes quedarte aquí, por lo tanto.

 (1926, del Libro de lectura para los
habitantes de las ciudades)

Pero consiguió empalmarlo con el evangelio, en concreto Lucas 9,58 (Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza) y Juan 1,35-39 (Maestro ¿dónde vives? Venid y lo veréis), y completándolo con una plegaria de nuestro amigo común José Manuel Calzada, elaboró una preciosa catequesis en la que resulta muy difícil no entender que, si somos una sola familia, la casa propia no puede estar cerrada, ni porque los demás estorben, ni porque les sirva de humillación, ni en razón a que exista gente con derecho y gente sin derecho a tener… techo.
Ah, sí, que me olvidaba; la oración de Calzada dice así:
Te damos gracias, Padre nuestro,
porque todos tenemos una casa
donde podemos jugar, estudiar,
hablar con nuestros padres,
y compartir con ellos nuestra vida.
Te damos las gracias también
porque nos has invitado a tu casa
en la que cabemos todos los hombres.
Te pedimos ahora
que nos ayudes a imitarte:
que sepamos tener nuestra casa
abierta siempre a todos,
y que todos los niños y todas las familias
puedan tener un techo y un hogar dignos,
para que todos podamos vivir como hermanos.

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