Reunión de pastores



Las expectativas se me desinflaron como un mal suflé. Y así me acosté ayer noche. Por supuesto, la economía no es una ciencia exacta. No existe ninguna que lo sea. Pero cuando andan los dineros de por medio, cada oveja a su redil. Y no saqué absolutamente nada, nada, en claro.
Dormí plácidamente, sabiendo que la noche es oscura, y el sol, por la mañana, lo aclara todo. Lo peor es que ha amanecido nublado. A ver si un poco más adelante…
Toca empezar adviento. Toca hablar de esperanza. Toca decir cosas bonitas. Toca animar al personal. Toca tirar del carro, aunque chirríen las ruedas. Toca pisar la realidad.
Es san Pablo el que dice que los vapores del vino no son buen acompañamiento y que con la llegada del día hay que sacudirse la modorra.
Vamos a ver si es posible…
Corona de Adviento 2014

Solo una palabra












¡Gracias!





Pues no tenía ninguna gana de volver sobre lo mismo


Pero al hojear, (¿o tal vez debiera escribir ojear?), la prensa diaria me he topado con un escrito que firma una europea parlamentaria que alega, razonándolo, por qué dejó “solo” al Papa en medio del hemiciclo. Y no puedo acostarme esta noche sin decir que he quedado prendado de su prosapia, y que las explicaciones que da me han convencido del todo. Efectivamente, para decir lo que dijo, papa Francisco no tenía ninguna necesidad de coger un avión, ni robar cuarenta minutos a la eurocámara escuchándolo. Aquel no era su sitio.
Tampoco yo tenía ninguna necesidad de coger la bici y desplazarme ayer tarde a la urbanización Santana para dar un recado a una familia. Con el teléfono habría bastado. Pero aprovechamos para conocernos y saludarnos. Son nuevos en la plaza y agradecieron la visita. Borja me presentó a su papá y éste aseguró estar presente en la reunión a la que estaba convocado.
No sé si mezclando churras con merinas, dejándose llevar de los prejuicios o dando cancha a la clac particular, se llega lejos. La señora o señorita Marina Albiol seguro que lo consigue. Pero no a mi costa.
Para más información, leer esto. Y los comentarios, algunos de los cuales han sido ocultados por votación exclusiva de la “casta”. Aún así, pueden leerse haciendo click.

¿Gumi, dices?



Sí, se llama Gumi. Y ponen cara de ¡pues vaya nombrecito!
Se lo puse porque mi padre tuvo en su juventud cazadora un lebrel con ese nombre. El mismo que luego asignamos a un pequeñajo ratonero que nos acompañó durante casi veinte años a la familia velasco serrano. Ahora lo lleva él, y responde bastante adecuadamente a su carácter particular, juguetón y noblote.
Ahora me entero de que tal palabra no es invención de mi papá. Existe desde hace demasiado tiempo como para recordar la fecha en que se pronunció por primera vez. Una ciudad lo lleva. Se trata de 구미시. Es coreana, y corresponde a la provincia de Gyeongsang del Norte al suroeste de la república de Corea del Sur. Está ubicada al sur de Seúl, a unos 200 km y a 37 km al noreste de Daegu pasando el Río Nakdong. Su área es de 616,31 km2 (50% bosque) y su población total es de 405.000 habitantes.
Ahí es moco de pavo. En las enciclopedias se dice mucho y variado sobre este lugar, cuya historia parece que ha quedado obnubilada por la presencia de la omnipotente Samsung, que todo lo abarca y mucho controla.
El caso es que sabemos casi nada de todo, e ignoramos más de lo que solemos reconocer. Vaya esto a propósito de mi compa, Gumi, cuyo nombre le fue impuesto. Y va también por papa Francisco y su presencia, ayer, en Estrasburgo. Bien recibido por la casi totalidad del hemiciclo, fue ninguneado por seis eurodiputados, españoles, que pretenden posicionarse en la izquierda más izquierda. Pues qué bien.
Supongo yo que dejarán más veces su asiento libre, porque no trillen con quien visita aquel sagrado lugar. Digo esto porque los lugares muy especiales siempre han sido mirados con respeto y considerados “aparte”, diferentes, distintos, singulares, de la vulgaridad en la que nos movemos los humanos, animales, vegetales y rocas incluidos.
Llámame mucho la atención el acento que tan magna y excelsa asamblea puso a algunas de sus frases y pensamientos. Todas ellas eran citas, y la que más se repite, esa de el Mediterráneo como cementerio es tan vieja como la tos. La que ahora padezco por culpa de un mal catarro.
El caso es que pareciera que los ñores/ñoras representantes de la ciudadanía europea carecieran de ideas y estuvieran esperando que llegara Francisco papa para caer en la cuenta de que ellos allí están para algo más que sumar euros y viajar en bussisnes.

Mucho brillo en el inmueble. Demasiado. Y demasiado pote en las personas. Excesivo. Y poca historia en sus cabezas. Gumi, de Corea de Sur, existe desde mucho antes de que allí naciera Park Chung-hee y de que Samsung decidiera fabricar televisores.

¡Ay si los señores Konrad Adenauer, Jean Monnet, Winston Churchill, Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Paul-Henri Spaak, Walter Hallstein y Altiero Spinelli levantaran la cabeza!

¡Esta me faltaba!


La he buscado como un loco durante mucho tiempo, pero en casa no la he encontrado. Tal vez, mi hermano que en esto es un auténtico lince, más bien urraca, la pispó y la tiene en su fototeca particular. Aprovechando que me han entregado el recuerdo, –un juego de descorchador y tapón para botellas–, y el dvd del desarrollo de la jornada del 50º aniversario de la promoción 1964 del colegio… dejadme que respiro. Aprovechando, digo, la ocasión, he solicitado esta foto y acabo de recibirla. No pierdo ni un segundo en exponerla.
Somos los de la primera comunión del año 55 en el Colegio de Lourdes de Valladolid. Mi persona ocupa esta vez un lugar en las alturas, allá arriba a la derecha, y visto un traje de simple marinero, o marinero raso, que heredé de mi hermano que a buen seguro fue quien lo estrenó.
Adornaban mi garganta, a ambos lados, unas formidables amígdalas inflamadas que, gracias a la lejanía respecto del objetivo, no se aprecian. Sí están manifiestas en la foto de estudio, mucho más cercana y, por lo tanto, menos discreta. Ahora no la pongo para no asustar.
No recuerdo que hubiera señoritas, pero las hubo a juzgar por la imagen. Supongo que serían hermanas o primas de algún escolar, porque en mi cole, por entonces, los niños con los niños, y las niñas no.
De entonces guardo yo pocos recuerdos, pero todos agradables. Y doy gracias a los hijos de San Juan Bautista de la Salle que saliera de sus manos virginal y simple, como una raya. Nada que ver con lo que ha salido, está saliendo y seguirá, desgraciadamente, aflorando por este patio nuestro de vecindad, con noticias tan “poco edificantes” y sumamente escandalosas.

Y terminó en comisaría



Cuando lo vio, respiró aliviado. Su sonrisa lo delató. La preocupación no le había abandonado desde que vio cómo lo cogían. Pero ahora…
Aquella mañana, al abandonar el cemento, solté a Gumi para que corriera a su bola. Y lo hizo. Sin alejarse, sin acercarse, a una distancia prudencial. Terminado el periplo campestre, justo al volver al adoquinado, Gumi se arrancó y lo perdí de vista.
Ya volverá, me dije. Pero no volvió.
A la hora, poco más o menos, me llaman. Que hay un perro apresado por la brigada canina que responde a mi ficha, que puedo pasar a recogerlo. Y lo recogí, no sin antes recibir unas recomendaciones sobre uso y disfrute de animales de compañía. Tales consejos fueron recibidos con la diligencia adecuada a las circunstancias.
¿Dónde dio el cante? En el casetón, a la entrada, corriendo gatos entre la niñería.
Resulta que en ese lugar existe una comunidad ácrata de felinos que alguien alimenta y así mantiene a perpetuidad. Nadie lo controla, y no se sabe bien cuántos individuos/as la componen, ni si están o no debidamente atendidos sanitariamente. Pero un cánido suelto, eso sí que es peligroso. No importa que muchos niños lo reconocieran porque juegan con él en la parroquia, ni que el encargado del lugar dijera que ya sabía a quién correspondía su control. Alguien, demasiado preocupado por su prole, avisó a los municipales. Así fue como Gumi terminó en el centro canino municipal, alias la perrera.
Este es el relato de los hechos,  –parte que yo viví y parte que él completó,– y el pobrecillo anduvo todo el día creyendo que a Gumi le había pasado algo malo. Cuando a la mañana siguiente nos volvimos a encontrar, él yendo al cole y nosotros de vuelta a casa, ver al perrillo sano y salvo le devolvió la sonrisa y le quitó un gran peso del alma y también del cuerpo. A buen seguro que esta historia de Gumi correteando por el patio del colegio ya es historia entre la chavalada.
Si no hubieran cambiado mucho los niños de hoy respecto de los de mis tiempos infantiles, ahora estarían deseando que se volviera a repetir la escena.
¡Y cómo corría!

Eso no debe estar bien


Lo de luz y taquígrafos es bonito y resulta productivo cuando las cosas a tratar interesan a todos. Eso se dice de la democracia. Las cosas claras. No es de ahora; ya lo escuché de pequeño, rematado con lo de “y el chocolate espeso”. De modo que si sigue siendo útil, me apunto.
Sin embargo, empieza a inquietarme tanto zumbar desde un lado y desde otro. Los casos de corrupción ahí están. Con nombres propios y direcciones. Los viajes del Senado, ahí están también, pero parece ser que no van a tener ni nombres ni direcciones. Lo del ex rey, parece que va a quedar en nada. Lo de Pujol está por ver, y lo de Bárcenas habrá que esperar porque va lento.
A todos nos gustaría saber. ¿A todos? A mí, desde luego, no. Me produce desazón malsana que se afirmen cosas de personas sólo porque alguien dice. Y lo dice porque… lo vivió, lo sospecha, alguien se lo comunicó, lo dedujo, o lo adquirió por ciencia infusa.
No suelo atender a este tipo de informaciones. ¿Sabes qué? Y entonces pregunto, ¿quién lo dice? No suele continuar el discurrir de la información. Se ve que es peligroso identificarse.
Pero no siempre puedo recurrir a ese artificio. Las cosas vienen rodadas e imposibles de parar. Y si me entero de algo sobre alguien, verdad o mentira, luego con ese alguien no logro la fluidez de relación que deseo. Soy humano y la sospecha hace mella en mí.
En fin, que no me parece correcto que nos estén bombardeando constantemente con que si Errejón no cumple su contrato con la universidad de Málaga, si la difunta Carrasco benefició a la empresa de su exnovio, si esos curas granadinos son unos delincuentes, o si Messi se lucró evadiendo al fisco, en tanto no haya un pronunciamiento definitivo.
Al final, terminaremos todos mirándonos por el rabillo del ojo. Lo de llevarnos las manos a la cabeza, ya es habitual.

La revancha



El año paso hube de conformarme con un único ejemplar de membrillo. No pude hacer conserva. Ayer, me puse las botas.
Veinte tarros de mermelada puestos en orden de batalla.
Tengo para mis amistades y para mi propio consumo.
Pudo haber sido mucho más, porque en su momento bien florido lució mi membrillar. Un verano extraño, y un otoño peculiar, dieron con unos frutos sabrosos pero de tamaño menor.
No importa. Si no es grande la cantidad, sí lo será el placer de untarlo en el pan para desayunar. Seguro que tengo hasta la próxima cosecha.

Con malas pulgas


En realidad no podría ser de otra forma, ya que no conozco pulgas buenas. Y eso es lo que han sufrido Gumi y Berto: un ataque feroz. Qué digo ataque, ha sido una auténtica invasión.
La cosa ha durado demasiado, porque al parecer los bichitos que corrían por las barrigas de mis amigos a todo el mundo le parecían simples moscas, talmente inofensivas. ¡Son pulgas! Lo parecen, pero no lo son, me replicaban.
Menos mal que llegó Víctor, las vio y me dio la razón. Y entonces empezó la guerra. La pipeta que les venimos poniendo es pequeña, hay que aumentar la dosis. Y la doblamos. Y nada. Hay que bañarles con un champú antipulgas. No uno, hasta cuatro baños soportaron los infelices, sin decir ni mu. Y nada. Un collar, hay que ponerles un collar. Y ahí lo tienen, de adorno. Aprovechando una escapadita al mar, me dije ésta es la mía. Y los sumergí en el salado elemento. ¡Qué tías, hasta saben bucear!
Tuvo que llegar el jefe con un paquete de polvos mágicos, y en un verbo, tras espolvorearles por arriba y por abajo, se acabaron las malditas entrometidas.
Haberlo dicho antes. De toda la vida, el mejor remedio para erradicar las pulgas de los perros son “los polvos de las patatas”, dijo el galeno.
Ahora ambos duermen plácidamente, panza arriba y con las ingles en pompa. Tienen la piel suave y limpia, y da gusto atusarles mientras ellos se relajan.
Ya sabéis, amigos de los animales, contra las pulgas, “polvos de las patatas”:
Santo remedio que, además de resolver el problema, resulta barato. Exactamente 5,15 € la bolsa de kilo. Entre pipetas, collares y champú anti pulgas, pasaron de… bueno, mejor que lo callo. Muchos euros.
Pero pulgas gordas, las de Granada. Esas van a necesitar algo más que cipermetrina al 5 %. No me pregunto cómo han tardado los alpujarreños tanto en reconocerlas, porque en casa tengo el techo de cristal. Pero ya identificadas, fuego a discreción. La única pulga buena, la que está muerta. O desaparecida.

Hasta en la sopa


No puedo negar que sentí curiosidad la primera vez que lo vi y lo escuché. He de reconocer que metí su papela en una urna, harto de no saber qué otra cosa echar en el cajón en las últimas elecciones. Incluso me he pasado buenos ratos viendo cómo  ponía en ebullición algunos debates televisivos.
Pero que me acueste con él, con él levante y que a la hora de comer ahí siga estando… es demasiado para el cuerpo.
Ardo en deseos de leer su programa-programa. Porque ideas veo que no le faltan. Hechos, como diría Cayo, hechos. Y sobre todo, compromiso.
Eso es lo que yo echo en falta en este asunto.

En la madrugada del día 16 de noviembre de 1989


Un pelotón del ejército salvadoreño entró en la universidad de los jesuitas de San Salvador, la UCA, y asesinó a todos los que pillaron. Seis profesores jesuitas y dos mujeres empleadas de la universidad cayeron bajo las balas. No hay duda de por qué ocurrió aquello, aunque la justicia humana aún sigue dándole vueltas al asunto.
Hubo un superviviente: Jon Sobrino. Él, desde entonces, responsable por dar testimonio y fe pública de aquel suceso, no ha cejado en el empeño por mantener viva su memoria.
Estas son sus palabras, en una conferencia en la universidad de Santa Clara, California, y es también mi ofrenda y homenaje, en este 25º aniversario, a todos ellos:


Comenzamos con los seis jesuitas. Después de Medellín, 1968, y tocados por el sufrimiento del pueblo se convirtieron. Aceptaron que ser jesuita es luchar, no sólo trabajar. Luchar por la fe, y más sorprendente aún, luchar por la justicia. Así lo exigía la realidad y así lo dijo la CG XXXII (D 2. 2). Su muerte confirmó lo que la misma congregación había previsto lúcidamente: "No trabajaremos en la promoción de la justicia sin que paguemos un precio" (D 4. 46).

Los mártires de la UCA lo hicieron cada uno según sus talentos, y es bueno recordarlo para que todos nos podamos sentir cuestionados y animados. Permítanme detallarlo mínimamente.
Ellacuría, 59 años, filósofo y teólogo, rector. Repensó la universidad desde y para los pueblos crucificados. Puso todo su peso para combatir la opresión y represión, y para conseguir una paz negociada.
Segundo Montes, 56 años, sociólogo, fundador del Instituto de Derechos Humanos. Se concentró en el drama de los refugiados dentro del país y sobre todo de los que tenían que abandonarlo, los emigrantes, que entonces huían de la represión violenta y ahora del hambre y la falta de trabajo. Los visitaba en los campos de refugiados en Honduras.
Ignacio Martín-Baró, 44 años, psicólogo social, pionero de la psicología de la liberación, fundador del Instituto de Opinión Pública de la UCA para facilitar que se conociese la verdad y dificultar que ésta quedara oprimida por la injusticia. Cada fin de semana visitaba comunidades suburbanas y campesinas con las que celebraba la eucaristía.
Juan Ramón Moreno, 56 años, profesor de teología, maestro de novicios y maestro del espíritu, acompañante de comunidades religiosas. En Nicaragua participó en la campaña de alfabetización. Amando López, 53 años, profesor de teología, antiguo rector del seminario de San Salvador y de la UCA de Managua. En ambos países defendió a perseguidos por regímenes criminales, a veces escondiéndolos en su propia habitación.
Por último Joaquín López y López, 71 años, el único salvadoreño de nacimiento, hombre sencillo y de talante popular. Trabajó en el colegio y fue el primer secretario de la UCA en 1965. Después fundó Fe y Alegría, institución de escuelas populares para los más pobres.
Fueron muy distintos, pero todos ellos fueron seguidores de Jesús y jesuitas. Es lo que nos dejan. En ellos podemos mirarnos para saber lo que debemos ser y hacer. Digamos una palabra sobre lo que fue más suyo.
Seguidores de Jesús. Reprodujeron en forma real, no intencional o devocionalmente, la vida de Jesús Su mirada se dirigió a los pobres reales, aquellos que viven y mueren sometidos a la opresión del hambre, la injusticia, el desprecio, y a la represión de torturas, desaparecimientos, asesinatos, muchas veces con gran crueldad. Y se movieron a compasión. "Hicieron milagros", poniendo ciencia, talentos, tiempo y descanso, al servicio de la verdad y de la justicia. Y "expulsaron demonios".
Ciertamente lucharon contra los demonios de fuera, los opresores, oligarcas, gobiernos, fuerza armada, y de ellos defendieron a los pobres. No les faltaron modelos, Rutilio Grande y Monseñor Romero. Y fueron fieles hasta el final, en medio de bombas y amenazas, con misericordia consecuente. Murieron como Jesús, y han engrosado una nube de testigos, cristianos, religiosos, también agnósticos, que han dado su vida por la justicia. Estos son los "mártires jesuánicos", referente esencial para los cristianos y para cualquiera que quiera vivir humana y decentemente en nuestro mundo. Su bautismo fue de Espíritu de sangre y siguieron a Jesús.
Con el espíritu de san Ignacio. En este punto me voy a detener un poco más pues hoy se habla mucho de espiritualidad ignaciana. Creo que nos pueden ayudar a historizar a san Ignacio ciertamente en el tercer mundo y a hacerlo útil para comprender mejor a Jesús.
El otro Ignacio, Ellacuría, hizo una relectura de los Ejercicios desde la realidad del tercer mundo. Tres puntos me parecen fundamentales, y pueden fungir como presupuestos ignacianos de la opción por los pobres y la lucha por la justicia.
1) Mirar la realidad de nuestro mundo y captarla como "pueblos que están crucificados". Ante ellos la reacción fundamental -sin necesidad de discernimiento- es "hacer redención".
2) Ser honrados con nosotros mismos, jesuitas, y preguntarnos "qué hemos hecho para que esos pueblos estén crucificados y qué vamos a hacer para bajarlos de la cruz".
3) Tomar en serio -quizás lo más difícil y menos frecuente- que hay dos modos de caminar en la vida, de ser jesuitas, construir la sociedad y la universidad.


Son caminos opuestos y están en pugna. Uno es el camino de la pobreza, que lleva a oprobios y menosprecios; hoy diríamos humillaciones, difamaciones, amenazas; y de ahí a la humildad, a la hondura de lo humano, a la verdadera vida. El otro es el camino de la riqueza, que lleva a los honores mundanos y vanos; hoy diríamos al prestigio entre los grandes de este mundo; y de ahí a la arrogancia, a una vida falseada, personal e institucional. En resumen, uno conduce a la salvación -humanización- y el otro a la perdición -deshumanización. Se trata de ganar o perder la vida, como dice Jesús. Y de estar dispuestos a pagar el precio.
En términos de estructuras, Ellacuría insistía en que hay que elegir entre una civilización de la pobreza -afín a una civilización del trabajo- y una civilización de la riqueza -afín a una civilización del capital. Ésta, que predomina en el mundo, ha generado una civilización gravemente enferma. Aquélla, la que hay que construir, puede revertir la historia y sanar la civilización.
Estos tres puntos: pueblo crucificado, necesidad de liberación, camino de la pobreza -más la honradez con nosotros mismos- son, en mi opinión, lo que más resplandece en la ignacianidad de los mártires de la UCA y lo que mejor explica por qué acabaron como acabaron. En la tradición de san Ignacio ciertamente hay otras muchas cosas importantes a tener en cuenta: el "magis", "a mayor gloria de Dios", "en todo amar y servir", "el bien cuanto más universal más divino" -todo lo que se menciona con frecuencia en la explosión ambiental de ignacianidad que hoy existe.
Los tres puntos que hemos mencionado son más fácilmente comprensibles, también por los no iniciados en ignacianidad, y ciertamente por los pobres. Y en mi opinión tienen menos peligro de perderse en el ámbito de lo conceptual e intencional. Expresan realidades claramente históricas y verificables.
En este contexto me parece oportuno recordar un hecho singular: los mártires de la UCA nunca discernieron si era voluntad de Dios permanecer en el país, con riesgos, amenazas y persecuciones, o salir. Ni se les ocurrió. Para ver cuánto de explícitamente ignaciano había en ese proceder pienso que hay que ir al primer tiempo de hacer elección: "sin dubitar ni poder dubitar" (Ejercicios n. 175). Hay que preguntarse "que movía y atraía la voluntad". Si era "Dios nuestro Señor" comunicándose al alma, como en la formulación de san Ignacio, o si eran realidades históricas: "el sufrimiento del pueblo", que no dejaba vivir en paz; "la vergüenza que daba abandonar al pueblo"; "la fuerza cohesionante de la comunidad"; "el recuerdo enriquecedor de Monseñor Romero, de nueve sacerdotes y cuatro religiosas asesinadas"; incluso el "haberse acostumbrado a la persecución". Pienso que todo ello movía la voluntad e iluminaba las decisiones y el camino a seguir. En el lenguaje de los ejercicios, en ello y a través de ello Dios estaba realmente causando el sin dubitar ni poder dubitar. Pero Dios no actuaba a través de cualquier cosa, sino de las que hemos mencionado.
El Espíritu de Dios mueve a caminar, pero su fuerza pasaba a través del pueblo sufriente. Así ha parafraseado Pedro Casaldáliga el conocido poema de Antonio Machado: Camino que uno es,/ que uno hace al andar./ Para que los atascados/ se puedan reanimar./ Haz del canto de tu pueblo/ el ritmo de tu marchar.
Así, pienso yo, discirnieron los jesuitas de la UCA. Se dejaron atraer y llevar por la realidad. Es la sinergia de Dios y del pueblo sufriente. Y no se me ocurre otra manera de explicar por qué se quedaron.
Quisiera terminar esta reflexión sobre su ser jesuitas recordando que "murieron en comunidad". Pudo no haber sido así, y pudiera haber sido asesinado sólo Ellacuría, el enemigo principal. Pero hay una verdad importante -providencial si se quiere-, en que su muerte fuese "en comunidad". Así había sido su vida y trabajo, con alegrías y tensiones, con virtudes y pecados, pero siguiendo una sola línea bien trazada. Y así expresaron que la Compañía está hecah de "todos". Es "cuerpo", no suma de individuos, algunos de ellos geniales, otros normales.
Esta comunidad de seis jesuitas se integró en una comunidad mayor, el cuerpo de la Compañía universal. 49 son los jesuitas que han muerto en el tercer mundo, asesinados de una u otra forma, después de la CG XXXII. Entre ellos se cuentan tres estadounidenses. Francis Louis Martiseck, 66 años, nacido en Export, Pennsylvania, muerto por arma de fuego en Mokame, India, 1979; Raymond Adams, 54 años, nacido en New York, muerto por arma de fuego en Cape Coast, Ghana, 1989; Thomas Gafney, 65 años, nacido en Cleveland Ohio, asesinado en Katmandú, Nepal, 1997.
No es infrecuente recordar "las glorias de la Compañía", las reducciones del Paraguay, Mateo Ricci en China... Hoy, estos mártires, unos más famosos, otros menos, son la gloria de la Compañía. Y sobre todo son ellos los que mantienen a la Compañía con vida. Una semana después del asesinato del Padre Rutilio Grande el Padre Arrupe escribió:
"Éstos son los jesuitas que necesita hoy el mundo y la Iglesia. Hombres impulsados por el amor de Cristo, que sirvan a sus hermanos sin distinción de raza o de clase. Hombres que sepan identificarse con los que sufren, vivir con ellos hasta dar la vida en su ayuda. Hombres valientes que sepan defender los derechos humanos, hasta el sacrificio de la vida, si fuera necesario" (19 de marzo, 1977).


+ La gracia de los mártires
Hemos recordado a mártires. Su vida y su muerte son de gran dureza, y por eso mis palabras pueden sonar fuertes. Pero también es verdad que a ellos se dirigen las bienaventuranzas de Jesús. Y que para nosotros son -pueden ser- una bendición: nos animan a entregarnos a los demás y a tener esperanza, ánimo que no se encuentra, con esa fuerza, en ninguna otra parte, ni en la liturgia ni en la actividad de la academia.
En navidad decimos que en Jesús de Nazaret "ha aparecido la benignidad de Dios". En semana santa escuchamos en boca de Pilato que ese Jesús es "el hombre verdadero", "el que cargó con la realidad por amor a los pequeños". De ahí el "ecce homo". Ambas cosas, la aparición de Dios y de lo humano en un mundo en oscuridad es una buena noticia.
Eso es lo que celebramos en este acto universitario. Los seis jesuitas de la UCA nos llevan en su fe, de la que podemos tener alguna noticia, aunque sea caminando en silencio y de puntillas. Julia Elba y Celina nos llevan en la suya, pero de manera distinta. Yo al menos, no puedo entrar hasta el fondo en su misterio. Pero Dios sí les conoce y ellos -Dios sabe cómo- nos llevan a Dios.
Y contra toda ciencia y prudencia, los mártires generan esperanza. Miles de campesinos pobres, con familiares muertos, se juntan la víspera del 16 de noviembre en la UCA para celebrar unos con otros, rezar y cantar. Jürgen Moltmann lo ha teorizado muy bien: "no toda vida es ocasión de esperanza, pero sí lo es la vida de Jesús, quien, por amor, tomó sobre sí la cruz".
Termino. Quiero agradecer muy sinceramente a la Universidad de Santa Clara por la oportunidad que me ha dado de dirigirles estas palabras. Me han permitido hacer presente de algún modo el sufrimiento y la esperanza de un pueblo admirable y la memoria de mis hermanos y hermanas de la UCA. También quiero agradecerles el honor personal que me hacen. Me remite al cariño que me mostraron hace veinte años. Y lo interpreto como símbolo de solidaridad de esta Universidad con la UCA y con todo el pueblo salvadoreño.
+ Mis palabras finales son las que escribí aquí hace veinte años
Descansen en paz Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Matín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López, compañeros de Jesús. Descansen en paz Julia Elba y Celina. hijas muy queridas de Dios. Que su paz nos transmita a los vivos la esperanza, y que su recuerdo no nos deje descansar en paz.
Jon Sobrino



Para más información, coloco aquí el artículo de Juan José Tamayo publicado en El País el pasado día 14 de noviembre:
Ellacuría vive
"Ellacuría debe ser eliminado y no quiero testigos". Fue la orden que dio el coronel René Emilio Ponce al batallón Atlacatl, el más sanguinario del ejército salvadoreño. La orden se cumplió la noche del 16 de noviembre de 1989 en que fueron asesinados con premeditación, nocturnidad y alevosía seis jesuitas y dos colaboradoras, madre e hija, Elba y Celina, esta de 15 años en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de San Salvador (UCA). Entre los asesinados se encontraba el jesuita vasco, nacionalizado salvadoreño, Ignacio Ellacuría, rector de la UCA, discípulo de Zubiri y editor de algunas de sus obras. Era filósofo y teólogo de la liberación, científico social e impulsor de la teoría crítica de los derechos humanos, cuatro dimensiones que son difíciles de encontrar y de armonizar en una sola persona, pero, en este caso, convivieron no sin conflictos internos y externos, y se desarrollaron con lucidez intelectual y coherencia vital.
"Revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección", "sanar la civilización enferma", "superar la civilización del capital", "evitar un desenlace fatídico y fatal", "bajar a los crucificados de la cruz" (son expresiones suyas) fueron los desafíos a los que quiso responder con la palabra y la escritura, el compromiso político y la vivencia religiosa. Y lo pagó con su vida.
25 años después de su asesinato Ellacuría sigue vivo y activo en sus obras, muchas de ellas publicadas póstumamente. En 1990 y 1991 aparecieron dos de sus libros mayores: Conceptos fundamentales de la teología de la liberación, de la que es editor junto con su compañero Jon Sobrino, entonces la mejor y más completa visión global de dicha corriente teológica latinoamericana, y Filosofía de la realidad histórica, editada por su colaborador Antonio González, cuyo hilo conductor es la filosofía de Zubiri, pero recreada y abierta a otras corrientes como Hegel y Marx, leídos críticamente. Es parte de un proyecto más ambicioso trabajado desde la década de los setenta del siglo pasado y que quedó truncado con el asesinato. Posteriormente la UCA publicó sus Escritos Políticos, 3 vols., 1991; Escritos Filosóficos, 3 vols., 1996, 1999, 2001; Escritos Universitarios, 1999; Escritos Teológicos, 4 vols., 2000-2004.

En el cuarto de siglo posterior a su asesinato se han sucedido ininterrumpidamente los estudios, monografías, tesis doctorales, congresos, conferencias, investigaciones, cursos monográficos, círculos de estudio, Cátedras universitarias con su nombre, que demuestran la "autenticidad" de su vida y la creatividad y vigencia de su pensamiento en los diferentes campos del saber y del quehacer humano: política, religión, derechos humanos, universidad, ciencias sociales, filosofía, teología, ética, etc.
Lo que descubrimos con la publicación de sus escritos y los estudios sobre su figura es que Ellacuría tuvo excelentes maestros: Rahner en teología, Zubiri en filosofía, monseñor Romero en espiritualidad y compromiso liberador, de quienes aprendió a pensar y actuar. Pero su discipulado no fue escolar, sino enormemente creativo, ya que, inspirándose en sus maestros, desarrolló un pensamiento propio y él mismo se convirtió en maestro, si por tal entendemos no solo el que da lecciones magistrales en el aula, sino, en expresión de Kant aplicada al profesor de filosofía, el que enseña a pensar. Ellacuría parte del pensamiento de sus maestros, pero no se queda en ellos; avanza, va más allá, los interpreta en el nuevo contexto y, en buena medida, los transforma. Su relación con ellos es, por tanto, dialógica, de colaboración e influencia mutuas. Sus obras así lo acreditan y los estudios sobre él lo confirman.

Teología 

Su colega y amigo Jon Sobrino ha escrito páginas de necesaria lectura sobre el "Ellacuría olvidado", en las que recupera tres pensamientos teológicos fundamentales suyos: el pueblo crucificado, el trabajo por una civilización de la pobreza, superadora de la civilización del capital y la historización de Dios en la vida de sus testigos, que Ellacuría acuñó con una aforismo memorable: "Con monseñor Romero Dios pasó por la historia". Ellacuría entiende la teología de la liberación como teología histórica a partir del clamor ante la injusticia, establece una correcta articulación entre teología y ciencias sociales y asume un compromiso por la transformación de la realidad histórica desde los análisis políticos y desde su función como mediador en los conflictos. Son tres aspectos que desarrolla José Sols Lucia. El teólogo austriaco Sebastián Pittl recupera la primera idea destacada por Jon Sobrino y la interpreta teológicamente: la realidad histórica de los pueblos crucificados como lugar hermenéutico y social de la teología. Asimismo hace una lectura de la concepción ellacuriana de la espiritualidad radicada en la historia desde la opción por los empobrecidos
El resultado es una teología posidealista cuyo método no es el trascendental de sus maestros, sino la historización de los conceptos teológicos y el punto de partida, la praxis histórica. La teología de Ellacuría tiene un fuerte componente ético-profético. Aplicándole a ella la consideración lévinasiana de la ética como filosofía primera, bien podría decirse que, para el teólogo hispano-salvadoreño, la ética es la teología primera y el profetismo la manifestación crítico-pública de la ética.

Filosofía

El objeto de su filosofía es la realidad histórica como unidad física, dinámica, procesual y ascendente. De aquí emanan los conceptos y las ideas fundamentales de su pensamiento: historia (materialidad, componente social, componente personal, temporalidad, realidad formal, estructura dinámica), praxis histórica, liberación y unidad de la historia. Su método es la historización de los conceptos filosóficos para liberarlos del idealismo y de la idealización en que suelen incurrir la filosofía y la teoría universalista de los derechos humanos. H. Samour, uno de sus mejores intérpretes y especialistas, reinterpreta al maestro relacionando su pensamiento con la realidad histórica contemporánea, al tiempo que considera la filosofía de la historia como filosofía de la praxis. Recientemente se está desarrollando una nueva línea de investigación del pensamiento filosófico de Ellacuría: la que hace una lectura pluridimensional con las siguientes derivaciones creativas, que enriquecen, recrean y reformulan su filosofía:
a) Su conexión con la dialéctica hegeliano-marxista, que implica analizar la concepción que Ellacuría tiene de la dialéctica, la utilización del método dialéctico en su análisis político e histórico, y la dialéctica entre historia personal -biografía- e historia colectiva -el pueblo salvadoreño-, en otras palabras, el impacto y la capacidad transformadora de su vida y de su muerte en la historia de El Salvador (Ricardo Ribera).
b) Su conexión con la teoría crítica de la primera Escuela de Frankfurt, que integra dialécticamente las diferentes disciplinas dando lugar a un conocimiento emancipador, así como su incidencia en la negatividad de la historia (L. Alvarenga).
c) Su conexión con la filosofía utópica de Bloch en uno de los últimos textos más emblemáticos de Ellacuría: "Utopía y profetismo en América Latina" (Tamayo).
d) Su original teoría del "mal común" como mal histórico, la crítica de la civilización del capital y las diferentes formas de superarla (Hector Samour).
e) La recuperación filosófica del cristianismo liberador (Carlos Molina).
f) La fundamentación moral de la actividad intelectual y la relevancia del lugar de los oprimidos en los diferentes campos y facetas de quehacer teórico (J. M. Romero).

Teoría crítica de los derechos humanos

Ellacuría ha hecho aportaciones relevantes en el terreno de la teoría y de la fundamentación de los derechos humanos. Cabe destacar a este respecto su contribución a la superación del universalismo jurídico abstracto y de una visión desarrollista de los derechos humanos, y a la elaboración de una teoría crítica de los derechos humanos (J. A. Senent, A. Rosillo).
El pensamiento de Ellacuría no es intemporal, sino histórico, y debe ser interpretado no de manera esencialista (aun cuando algunas de sus primeras obras escritas bajo el discipulado escolar y la influencia de Zubiri tuvieron esa orientación), sino históricamente, en diálogo con los nuevos climas culturales. Así leído e interpretado puede abrir nuevos horizonte e iluminar la realidad histórica contemporánea.

Conversión de la Iglesia al reino de Dios. Ignacio Ellacuría. Sal Terrae, Santander 1984
Conceptos fundamentales de la teología de la liberación
, 2 vols. Ignacio Ellacuría. Trotta, Madrid 1990
Filosofía de la realidad histórica
.  Ignacio Ellacuría. Trotta, Madrid 1991
El legado de Ignacio Ellacuría. José Sols Lucia. Cuadernos Cristianisme i Justicia, Barcelona 1998
Crítica y liberación. Ellacuría y la realidad histórica. H. Samour. ADG-N LIBROS, València 2013
La realidad histórica del pueblo crucificado como lugar de la teología. Sebastian Pittl. ADG-N LIBROS, 213
Ignacio Ellacuría. Utopía y teoría crítica. J. J Tamayo y L. Alvarenga (dirs.) Tirant lo Blanch, València 2014
La lucha por la justicia. Selección de textos de Ignacio Ellacuría, ed. de J. A. Senent de Frutos, Universidad de Deusto, Bilbao 2013

Un lunes cualquiera



Por tropecientésima vez barro y friego, muevo mesas y sillas, y dejo todo preparado y ordenado para que los galopines se lo encuentren dispuesto cuando vengan a la tarde para catequesis.
Y mientras trajino, canto. Más bien berreo. Sin miedo a la vecindad, que a estas horas está a sus asuntos, ni a la vergüenza de que Gumi, que me sigue por todas las salas como un corderillo, diga ¡qué voces da este tío!
Unos van a sembrar, o sea que en una sala hay que disponer tierra, tiestos, semillas y agua. Otros van a pintar unos corazones. Eso no me toca, porque ya no confían en los que yo confeccionaba en cartulina, y se valen por sus medios. Y los mayores… Bueno, los mayores corren por su cuenta.
Así las cosas, a esperar que ellas, las catequistas, me indiquen si quieren folios o cuartillas, pinturas de cera o de mina, más mesas o menos muebles porque necesitan más espacio libre.
Luego viene lo de cantar. Que cuando vienes, que por quien empiezas, que tenemos que separarnos y vendría bien al medio, o al principio, o al fin.
En fin, esas son las cosas que en estos momentos tengo en la cabeza, en tanto corro de un lado para otro, olvidándome cuando llego de a qué venía a esta sala. Y caigo en que me equivoqué de dirección y debo ir para el lado contrario.
Una mañana movidita, porque estamos en los principios y suelen darse desajustes que poco a poco van desapareciendo.
Ahora que acaban de marcharse, respiro aliviado; nada ha faltado, ni siquiera el papel en los retretes.
¡Cómo vamos mejorando! Antes la limpieza de locales era harto trabajoso. Todo estaba en tierra y la subían a espuertas escaleras arriba. Ahora estos muchachitos parecen ángeles, que levitan sin pisar en el suelo. ¡Ni polvo dejan!
Aún así, por si algo se me ha posado sobre el cuerpo, accedo a la municipal casi a las diez para quitármelo de encima y de paso relajarme. Antes hube de pasar por urgencias del Río Hortega para ver si M había resucitado del bajón del azúcar que lo noqueó no sabemos cuándo. Tener un hambre canina y los pies helados, hablar por los codos y no recordar nada; ese fue el cadáver que nos encontramos. De momento tiene cuerda…
No todos pueden decir lo mismo, aunque canten victoria y reciban abrazos, les jaleen por las calles y alardeen de lección de democracia. Tal vez si pasaran por urgencias algún arreglillo encontrarían.
En fin, que ayer fue lunes y ahora ya es martes, y tengo que volver al hospital. A veces, la vida parece un círculo

Con el ánimo en suspenso



Pero no por lo que los medios se han esforzado tanto en aderezar ante esa fecha que hoy toca, el 9N, que mayormente no me afecta. Lo mío es mucho más trivial y de andar por casa. Resulta que, con el cambio en el plan pastoral diocesano, hay que proponer a los jovencitos y jovencitas a partir de los doce años que se preparen para recibir la Confirmación. Esto significa que hay que habilitar espacios y personas que se apliquen a este nuevo menester, porque todo lo demás debe seguir funcionando con normalidad.
Lo del espacio, afortunadamente, no plantea problema, ya que tenemos para dar y tomar. Lo “otro”, alguno sí. No resulta fácil encontrar personal para, a bote pronto, “endilgarle” tan comprometedor asunto.
Así que se ha decidido que me encargue yo de un grupo. Alguien lo hará del otro, a buen seguro. Y estoy ansioso por encontrarme ante ellos/as  dentro de un rato y ver cuánto han crecido desde que los vi en traje de fiesta. Tanto si son los unos como si son los otros, yo seré para ellos el mismo, pero ellos para mí con toda seguridad no.
¿Conseguiré tener el pulso para tratar como “mayores” a quienes conocí de “muy pequeños”?
El hecho de que bautizara a muchos de ellos no me lo facilita. Y esa es mi preocupación. Preocupación por otra parte saludablemente halagüeña.

Pasando un buen rato


En este día que libro, es un decir porque aquí no suelen ocurrir ese tipo de días, y con el ordenador algo más ordenado que en fechas anteriores, he entrado en mi biblioteca fotográfica para subir alguna foto a picasa. Desde ahí luego las tomo para el blog.
Casi sin querer, me vi sorprendido por una aplicación interna del renovado iPhoto que detecta las caras de todo el almacén. Y ya puestos, fui repasando rostros conocidos.
En todos los eventos en los que he participado cámara en ristre, generalmente encuadraba grupos realizando la actividad que en ese momento interesaba. Pocas tiré a personajes solos, salvo que tuvieran alguna significación para el conjunto. Por eso, pocas veces me he parado en quién salía y en quién no. Y todas las tengo agrupadas y etiquetadas al margen de quienes estuvieran, preocupado por señalar qué se estaba haciendo.
Hoy, sin embargo, me mirado caras. Miles. Según la máquina, más de siete mil. Y me he quedado pasmao. Tan enfrascado he estado en el asunto que me olvidé de encender la calefacción. Y en cuanto se marchó el sol, me congelé. No sólo las manos, el resto de mí, todo entero, está para pasar por la piscina climatizada, y volver a su ser.
Curiosa prestación la de esta aplicación actualizada con Yosemite, que detecta los rostros y los empareja, formando colecciones que me ha resultado placentero visionar.
Va a haber sorpresas como se me ocurra sacar del baúl de los recuerdos instantáneas de cuando alguien que me sé utilizaba pantalones cortos.

Imaginándome la cara que vayan a poner, ya entro en reacción.

Vuelvo a tener las manos frías


Todo empezó con que una herramienta que uso desde hace la tira, cascó. Reponerla suponía gastarme casi mil quinientos euros (1.500). No podía ser. Hay que buscar alternativas más baratas, o gratis. La encontré: Scribus.
A continuación AEAT me exigió usar 10.7 o superior. Eso conllevó anular otras dos aplicaciones que también uso de antiguo: Filemaquer y Photosoph. Si una es insustituible, la otra tiene par en gratuito: GIMP.
Luego, tras Mavericks, vino Yosemite. Y el mac se puso de uñas, y yo de los nervios.
Al final he conseguido recuperar y/o mantener todo el material acumulado a lo largo de más de veinte años, desde que Roberto, mi hermano, me endosó su pequeño y coqueto mac en el ochenta y ocho.
Así las cosas, la impresora dejó de funcionar por agotamiento del cartucho. Llevo esperando repuesto más de quince días.  Y como empieza la catequesis, hay que sacar listas y programas… No importa, vía usb saco fotocopias en la tienda del barrio. Pero no es plan.
Aún así, he calzado sandalias y he salido de casa en manga corta hasta hace unas pocas horas. La vida, la climatología, sonreía. La política, no.
Y cuando ha llegado el frío, se me ha arrugado la cara. No, no ha sido por la bajada de temperaturas. La auténtica razón es el desolado panorama en el que habito.
Ha llegado el invierno sin transición. He tenido que recoger la cosecha de membrillos a toda prisa para que no se pierda con alguna helada traicionera. No habían cuajado aún los frutos, ni dan la talla, y la mermelada que salga será más bien escasa.
¿Dónde quedó el otoño? La estación que más me gusta ha pasado de largo, o no la han dejado entrar.
Una pérdida irreparable.
Y en esas estaba cuando descubro que una entrada del año pasado estaba averiada porque alguien borró su página y me birló una foto. Reeditarla no ha sido costoso, pero tampoco es plan. Hay quien deja abandonadas sus cosas y ahí siguen aunque no tengan mayor interés, y hay quien parece que le urge borrar las que sí lo tienen. Me prometí que no lo iba a consentir, y en cuanto me descuido me la cuelan.
Descuido ha sido lo de Pilar, que se saltó el régimen sin gluten y volvió a las andadas. ¡Sólo han sido unos buñuelos! Hoy, en penitencia tengo preparados unos espaguetis de mercadona, que cuida bien a los intolerantes y similares.
Y volviendo a lo del principio, salvo Time Machine, que rechina, el resto de mi mac con Yosemite parece encontrarse a gusto. ¡Que dure!
Y ¿qué decir de las fotos en picasa? Tanto cambio y tanta modernidad me apabulla. Felizmente he dado con el quid, pero no porque abunden las explicaciones. Ahora basta con arrastrar las cosas. ¡Qué desastre!
Durará por mucho tiempo este frío de mis manos. Aproximadamente… hasta el verano del año que viene.

Una bellota


¡¿Truco o trato?! Oí gritar en la puerta desde la cocina donde estaba preparándome la cena. Salí secándome las manos y los vi en el dintel. No puede haber trato, no tengo ni un solo caramelo. Lo siento. Y mientras trataba de ingeniarme alguna otra explicación, mis dedos la descubrieron en el fondo del bolsillo de la zamarra. ¿Os vale esta bellota? Es muy dulce.
Uno de ellos la tomó y ambos respondieron ¡gracias!
No me la había comido por la mañana del puñado que cogí de la encina más bonita que haya visto en mi vida. Ella sola, al borde del acantilado que forma el monte con el valle, representa el último reducto que las labores agrícolas han dejado de lo que fuera un bosque impenetrable de robles, encinas, quejigos, atestado de conejos, ardillas, raposos y comadrejas.
No me cansaré nunca de hacer fotos a esta preciosidad.


Claro que poco más saqué, entretenido en escuchar el sonido de las hojas al caer sobre la hierba. Apenas hacía viento, y se desprendían sin prisas, como si fueran una lluvia mansa de mariposas en este otoño cálido, que más parece primavera.

Sólo una pincelada:


¡Es truco! Las verdaderas son estas otras, menos mágicas y mucho más entrañables:

 



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